Lecturas en «El Atelier de Calo»

Cuando Calo Zúñiga y Marcos Aucar me convocaron para dar el puntapié inicial al ciclo de lecturas en «El Atelier de Calo» dije que sí, por supuesto. El espacio, en el que me presenté en diversas ocasiones a lo largo de estos años estrenaba su nueva casa en el centro de Resistencia y era menester dar el presente.

La cita fue un muy frío y propicio sábado de julio, en pleno fervor mundialista. Para la ocasión me propuse seleccionar un grupo de escritores argentinos y uruguayos de los que disfruto mucho leyendo. El término rioplatenses les queda corto, pues los tentáculos de sus orígenes atraviesan el Río de la Plata para internarse en la Banda Oriental, pero también se funden en el conurbano bonaerense, Córdoba, Tucumán, la selva misionera, el Chaco, en la lejanía de quien escribe desde España e, incluso, Valhalla de por medio.

Pasaron vivos y muertos. Desde los estertores finales del 1800 hasta las banderas extasiadas del siglo XXI que proclaman que la literatura no ha muerto, sino que está más viva que nunca, aunque para ello deba escarbar en la necrohistoria de lo que somos, creemos que fuimos y lo que nunca seremos.

Hubo narrativa, poesía y teatro. Esto fue lo que leí:

Lecturas en el Atelier – Volumen I
– La ciudad de las ratas (Copi – Fragmento)
– Las bestias que recreamos (Marco Fernández Leyes)
– Ciudades, más ciudades (Jacobo Fijman)
– Rockeros y otros escandalosos (Laiseca)
– Credo profano (Celia Paschero)
– Primitiva (Celia Paschero)
– El almohadón de plumas (Horacio Quiroga)
– Una vaca asesina (Enrique Symns)
– Honor al buen servicio (Lázaro Covadlo)
– El Reglamento (Pablo Farrés – Fragmento)
– Una escena posible (Marco Fernández Leyes – Fragmento)
– Misal de Bini (Marosa di Giorgio)
– La danza de los juguetes rotos (Agustín Conde de Boeck – Fragmento)

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