Nos sumergimos en el Ciclo de los robots | Fundación, Parte 2

Hoy seguiremos analizando la fabulosa saga de la Fundación de Isaac Asimov. Esta vez nos sumergiremos en el primero de sus tres ciclos: el de los robots.

Éste se compone de tres bloques escritos en diferentes momentos: primero hay una serie de cuentos aparecidos entre los años ’40 y ’50, compilados en «Yo, robot» (1950) en los que Asimov narra la evolución de los robots, la gestación de «Las tres leyes de la robótica» y la forma (muchas veces compleja) en que empiezan a relacionarse con la sociedad a medida que aumenta la capacidad analítica de sus cerebros positrónicos.

El segundo bloque está integrado por dos novelas ambientadas siglos después de lo acontecido en los cuentos: “Bóvedas de Acero” (1954) y “El Sol Desnudo” (1957).

Finalmente, en los ochenta escribe otros dos libros: “Los Robots del Amanecer” (1983) y “Robots e Imperio” (1985) que retoman personajes y situaciones que serán la génesis de lo que acabará convertido en el Imperio Galáctico.

Un dato no menor: en diez de los cuentos iniciales, tal vez los mejores de todos, una mujer tiene el rol central: la doctora Susan Calvin, robopsicóloga jefa de la principal fabricante de robots de la Tierra: U.S.Robots and Mechanical Men, Inc. La decisión de Asimov de utilizar para tal rol un personaje femenino marcó un quiebre para un género que en la época era virtualmente dominado por varones.

Las tres leyes de la robótica
Uno de los aportes cruciales de Asimov al comportamiento de las máquinas inteligentes fueron las tres leyes de la robótica, un conjunto de pautas que formuladas para evitar que los robos se conviertan en una amenaza para la humanidad.
La influencia de estas leyes excedió los libros a punto tal que no pocos científicos estuvieron de acuerdo en que deberían ser tomadas en cuenta para el momento que los cerebros de los robots alcanzaran un grado elevado de desarrollo.

Esto dice cada una:
· Primera ley: Un robot no puede hacer daño a un ser humano ni, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
· Segunda ley: Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto cuando estas entren en conflicto con la primera ley.
· Tercera ley: Un robot debe proteger su propia integridad, siempre y cuando esto no impida el cumplimiento de la primera y segunda ley.

Más adelante, Asimov incorpora Ley Cero por la cual un robot no puede hacer daño a la humanidad ni, por inacción, permitir que la humanidad sufra daño. Ella tiene preeimencia sobre todas las otras.

Espero que este breve pantallazo te motive a navegar por las atrapantes aguas de la ciencia ficción. Todavía nos queda por ver dos ciclos de esta saga: los del Imperio Galáctico y de la Fundación.

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