«Pelea de gallos», crudeza y horror con aroma de mujer

Uno de los recuerdos más nítidos que tengo de mi infancia es el de escuchar a mi abuela contándome sobre las peleas de gallos que presenciaba cuando tenía siete u ocho años a mediados de la década de 1930. Relatos en que a las aves les montaban artefactos de todo tipo para convertirlas en armas letales: hojas de afeitar, alfileres, picos metálicos y la insania con que sus amos (a quienes me figuraba, no sin exagerar, como monstruos sudorosos deformados por el alcohol y el tabaco) las obligaban a seguir atacando incluso cuando el oponente no era más que un amasijo de carne y vísceras. Los duelos ocurrían siempre en ambientes sórdidos, mayormente galpones y corrales que retenían el aire viciado y los gritos. Eran lugares en los que el alma quedaba colgada al entrar.

Estas historias que transcurrían en una Resistencia extraña fueron la razón de muchos de mis espantos infantiles. Pero luego, como sucede siempre, fui olvidándolas con el paso de los años. Quedaron latentes y muy rara vez ponían una pata del lado consciente cuando veía noticias de gente que era detenida por montar estas peleas ilegales.

Así pasó el tiempo hasta que una tarde encontré un libro con un título que me imantó: «Pelea de gallos». Por supuesto que caí sobre él, lo traje hacia mi pecho y casi de inmediato comencé a ojearlo. Llegué a casa al mediodía y hacia la noche ya lo había terminado. Para ese momento me encontraba entre sediento y extasiado por la pluma poderosa y cruda de la ecuatoriana María Fernanda Ampuero (Guayaquil. 1976) a quien acababa de conocer.

Sepan que leerla es un viaje de ida. De inmediato nos vemos arrastrados hacia el sitio donde quiere ubicarnos y en el que imperan sus reglas, modos y tiempos. El texto fluye como río de montaña y cada pieza del engranaje encaja a la perfección. A tal punto llega ese encantamiento que recreé varios de los horrores de la infancia: gallineros hediondos, marginalidad y tratos brutales.

Es un libro en el que la violencia es necesaria y aparece explícita o solapada para narrarnos historias donde la soledad, el desamor y la pérdida transitan las calles a plena luz del día. Son trece cuentos en los que no hay lujo, confort, ni paz. Eso sí, al final, llega la satisfacción de sentirnos atravesados e interpelados por textos que reaparecerán en nuestros pensamientos durante mucho tiempo.

Cuando un libro nos conmueve, interpela y obliga a frenar para tomar aire, sin recurrir al golpe bajo o lugares comunes podemos estar seguros de que tenemos en nuestras manos algo que vale la pena leer.

En detalle
«Pelea de gallos» de María Fernanda Ampuero
115 páginas
Páginas de Espuma

* Publicado en DiarioChaco.com el 11 de marzo de 2023.

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